UN BENEFICIO MÁS PARA LOS MALTRATADORES
Se veía venir. Llevábamos tiempo diciendo que en esto de la violencia de género, bajo el disfraz de gente “progre” se escondían propuestas más o menos solapadas para ir vaciando de contenido la sanción penal a los maltratadores.
No es que nosotras pensemos que la solución a la violencia de género -en cualquiera de sus manifestaciones – sea el Código Penal, lo hemos dicho muchas veces, ni tampoco que una pena más o menos dura vaya a terminar con ella, pero sí somos conscientes de que tiene un carácter disuasorio y, sobre todo reivindicamos la coherencia, y si por las administraciones públicas se ha optado por llevar este tema como opción principal a la vía policial, y judicial no vale ahora buscar subterfugios para ir vaciando de contenido la propia norma.
Viene esto a colación de la publicación el pasado viernes del RD 840/2011, de 17 de junio por el que se establecen las circunstancias de ejecución de las penas de trabajos en beneficio de la comunidad y de localización permanente en centro penitenciario, de determinadas medidas de seguridad, así como de la suspensión de la ejecución de las penas privativas de libertad y sustitución de las penas.
Este RD viene a decir, entre otras muchas cosas que el cumplimiento de la pena de trabajos para la comunidad puede hacerse mediante la participación en talleres o programas formativos o de reeducación , laborales, culturales, de educación vial, sexual y otros similares.
Teniendo en cuenta que en la inmensa mayoría de los casos de violencia de género en el ámbito de las relaciones de pareja la condena consiste en trabajos para la comunidad, con esta norma el maltratador condenado como tal a una pena de, por ejemplo 60 días de trabajos para la comunidad, podrá cumplir su condena asistiendo a un “cursito” de reeducación. Dicho de otra manera, se le otorga indirectamente un beneficio penitenciario.
Quienes trabajamos directamente con mujeres que han sufrido en primera persona esta violencia sabemos que ya es difícil para ellas entender que pese a las muchas expectativas que parecen abrirse cuando decide poner el pie en un cuartel o en una comisaría, la ilusión dura poco al constatar que la realidad dista mucho de esa idea cada día más extendida, falsedades intencionadamente divulgadas, de que con una denuncia por violencia de género se abren todas las puertas, se activan todos los derechos y recursos, todo lo tienes con solo pedirlo.
Ahora añadimos un nuevo revés ¿quién se lo explicará, quienes proponen estas medidas desde su estrado? ¿se lo explicarán esos profesionales “progres” que utilizan la violencia de género para darse renombre y curriculum, o tal vez la explicación venga desde aquellos organismos que han puesto de moda eso de defender “la igualdad de todos los géneros”?
Es necesaria una reflexión. Convendría detenerse unos minutos y revisar en qué momento del camino hemos desviado la ruta, hemos cambiado las compañías de viaje y confundido el horizonte con un espejismo, solo entonces podremos reordenar este asunto, sabiendo que nuestra idea de igualdad entre mujeres y hombres no es la que reclama beneficios para los maltratadores.
Mérida, 21 de junio de 2011.